11 abr. 2008

"¿MUERTA?"


Arrastrada sin piedad por las tierras de los sin nombre,
con cadenas sujetada a raíces de arenas yertas,
se me crecen los temores y las angustias me atrapan,
hundida en retorcidas dudas, en oscuros sentidos,
no veo, no escucho, solo siento, siento que siento,
y la locura me da la vuelta sobre mi misma en giro
al más interno de los ocultos infiernos, mi propio averno,
sombras danzando a mi alrededor, danza siniestra
de todas las almas que sin saber porqué, vagan solitarias,
fúnebres punzadas hiriendo mi piel, que siente
y se deshace a sí misma en jirones de puzzle no resuelto,
dolor que se clava como afilados cristales en mis entrañas,
ausencia de las ilusiones, que un día quedaron muertas,
relojes sin hora, los tiempos dormidos, y en el segundo
del ahora mi cuerpo dolorido, levita y se eleva en súplica:


- ¡Sacadme de dónde me habéis enterrado!
- ¡Aún no estoy muerta!


La risa del que no habla suelta su carcajada, penetrante,
infrahumana, y su ciega mirada me regala un irónico guiño,
voz del silencio callado, del nunca hablado:


- ¿Me hablas?


y en grito desgarrado girando su cabeza de ser atormentado,
con sonrisa de diablo y garras bailando en sus descarnadas manos,
me dice:


- ¡Si, estás muerta!


A mi alrededor da vueltas y en sonido melodioso, canción para la que escucha,
añade:


- ¡Lo estás!


Se enraízan mis pies en la tierra de los extraños seres sin nombre,
se aferran a ella, me crecen hiedras, me enredan, me atrapan,
las sombras enloquecidas siguen en derredor danzando y danzando,
música para la muerta y en el fondo del averno, mi alma sigue vagando,
mi boca, la que no habla, dibuja un grito entre brumas de locura:


-¡Aún no estoy muerta!


y sentado en mi regazo el silencio me acaricia, sus garras en mis mejillas
y un susurro me regala junto a su horrible sonrisa:


- ¡Si, pequeña!


sus ojos frente a los míos:


-¡Lo estás!


(Autor: El Gato Escondido)

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