5 jul. 2008

La extraña sala de baile


Eran como fantasmas arrastrando sus cadenas, eso me pareció observar en la esquina de la sala, la gente bailaba, el vals sonaba, notas melódicas acompañadas de pies danzantes, hombres elegantes llevando entre sus manos a danzantes damas, y nadie se percataba,oí su respiración, profunda, eternamente larga, como si quisieran hablarme con la garganta, la oí en mi espalda, me giré sin saber si mi cuerpo se atrevería a acompañarme en semejante giro hacia un sonido ultratumboso, mis ojos no querían mirar, mis oidos no querían escuchar, y mi mente paralizada en un esfuerzo neuronal envió la señal justa y exacta a mi sistema nervioso y muscular, entonces fue que me giré y allí estaban, eran tres...tres seres sin rostro, encapuchados, no me atrevía a hacer ni el más leve movimiento, el vals de fondo seguía su caminar entre los danzantes, y yo me preguntaba ¿nadie más los ve?, y ante una pregunta hecha a la nada, la nada por respuesta se puede obtener.


Uno de aquellos extraños seres acercó su brazo hacia mí, ni quise mirar, pero ¡Ah!, mis ojos me traicionaron y de reojo miraron la mano de huesos sin carne que me tocaba lentamente hasta que noté cierta presión sobre mi brazo, si, lo percibí, la mano sin carne me agarraba y tiraba de mí, quise permanecer allí, juro, que quise quedarme, pero aquella mano me arrastraba y aunque mis cuerdas vocales gritaban, nadie,absolutamente nadie me escuchaba.


Me ví deslizándome, arrastrado hacia la puerta de aquel lugar, pasamos ante el portero que franqueaba la salida y la entrada a aquella extraña sala de baile, le miré suplicante esperando me ayudara y lo que ví en su rostro, su desfigurado rostro cadavérico me horrorizó, giré mi cuello antes de que la puerta se cerrara para ver si alguno de los danzantes me miraba o me ayudaba y entonces lo comprendí, los hombres y mujeres que bailaban tenían sus ropas hechas jirones, sus cabellos despeinados, y sus cuerpos, sus cuerpos no eran más que cadáveres, muertos danzantes, la puerta de aquella sala se cerró haciendo un profundo ruido que se quedó grabado en mi alma, la mano que me agarraba ya no estaba, busqué con mis ojos a los tres fantasmales seres, y... la nada, volví a mirar hacia la sala de baile cerrada, había desaparecido, en su lugar un montón de tumbas, un cementerio, y en la puerta un letrero que decía "Aún no es tu hora".

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