16 sept. 2008

El Cuervo huye del crepúsculo


No puedo aspirar,
ni respirarles,
cuando mi hedor, mi pestilencia,
me ahoga desde el naranja de la vanidad.

No veo frutos cuando me paro en podium impío.

Se me pudre el firmamento,
las estrellas claudican
y les brotan gusanos funestos;
mis amados cuervos graznan desesperados
y sus alas fenecen.

La señal, la nominación del estiércol elato
en su tono crepuscular me consume y pierdo la brújula.
Me vuelvo caduco y eso me desangra.
Me hago rastrojo y yedra.

Iré a mis demonios,
iré a mis caretas diabólicas
y me tragaré las tinieblas.

Intemperante e ininteligible
debo excomulgarme
para salvar mi horripilante alma
y continuar mis blasfemias en el silencio...en la nada.

Mis amigos no merecen verme expósito de la Verdad.


Mi sueño amerita mi discordante
y quebradiza voz
...mis cristales impuros
...los desperdicios de mi capa
...el amparo de mi soledad.

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