1 sept. 2008

La otra versión ...en el Cementerio


Una de aquellas largas y frías noches, el ánima errante del fantasma más solitario del submundo observaba las estrellas muertas y permanecía sentado en aquel mausoleo empolvado en el olvido. El cementerio era su lugar preferido, para penar con sus nostalgias de antaño. Casi siempre en absoluta soledad. De vez en cuando, algún fantasma perdido le acompañaba y se contaban sus desdichas con fascinación. Pero esta vez no, ésta vez el abandono era desgarrador y lóbrego. Las demás criptas bañadas de hojas muertas parecían un zócalo griego, grisáceas las tumbas eran como pianos diseminados en tétrica pista de baile, de algún salón en el Palacio de la Negrura.

La naturaleza occisa de los escasos árboles, eran como fantasmas arrastrando sus ramas cual cadenas chirriantes. El viento asolador tocaba sus más tristes notas, en un Réquiem
o melancólico vals de ultratumba.

Apareció de pronto, y de la oscura nada, la silueta horripilantemente traslucida y descarnada de aquel espectro femenino. Ella parecía alejarse del Camposanto, cuando fue observada por el inquilino frecuente y fantasmal; quien veía que la actitud de la esquelética visitante era por demás extraña, pues daba la impresión de que intentaba voltear hacia uno u otro lado, pero no lo lograba; y su yerto cuerpo, se veía convulsionar ligeramente,
como quien sufre espasmos eléctricos por el miedo o la angustia....más probablemente lo primero. Pero un ser sin vida...¿con miedos?

Por un segundo lo logró... la enigmática doncella muerta, consiguió girar lo suficiente como para apreciar, aún en los jirones de su faz, que en vida debió de ser una mujer radiante y bella; y al fantasma le pareció que había conseguido mirarle por una fracción de segundo. Más la oscura dama, bajo su rostro y encorvó la huesuda espalda un poco.

El fantasma varonil se levantó intrigado y quiso conocerle, saludarle o al menos acercarse y verle más de cerca. –0ye, le dijo- Y por respuesta, una nueva convulsión en la recién aparecida. Sin tratar de hacerle daño alguno, el fantasma estiró los huesos, donde antes hubo piel y un brazo y hacerla voltear...y casi lo consigue; pero la dama muerta en sus temblores, solo alcanzó un giro de 90° y mirarle de reojo. El espectro del Cementerio logró distinguir el más atroz pánico, al sujetar delicadamente la osamenta de la tétrica dama. Intentó atraerla con suavidad y en ella se percibía el terror...tanto que abrió sus desgarrados labios, mostró la ososa dentadura y emitió un grito ahogado...más bien eso pensó el fantasma, pues nada se escucho.

Lo que siguió fue espeluznante.
En la resistencia de la fantasma, y en un alarido infernal, arrastró consigo al intrigado y bien intencionado cadáver vagabundo, que no lograba soltarle el brazo a la dama sin sombra.; y en un santiamén lo llevó dando tumbos y restregándolo entre sepulcros, hacia el Portón del Guardamuertos. Una vez casi en la salida, la desfigurada damisela, volteó por completo y se encontró con el rostro espejo, en lo que a huesos se refiere, de aquel, ahora vapuleado, horrorizado y angustiado fantasma solitario. La visión mutua, fue delirante y espantosa en grado sumo. El más pavoroso y metálico alarido salió de ambas gargantas, y al unísono rompieron en mil cristales de silencios, la quietud de aquel lugar.

Una nueva ola de aire gélido explotó en el Cementerio, los secos árboles volvieron a mecerse en una especie de danza mortuoria y se abrió en un escándalo de hierro el Portal; por fin se separaron los huesos y antes de que aquella lánguida figura femenina saliera, alcanzó a mascullar en un triste murmullo, alguna frase que para el fantasma del sitio, le sugirió algo similar a : “Aun no es mi hora”



Basado en "La extraña sala de Baile" del gatoescondido

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