12 sept. 2008

Para descansar en paz, nada mejor que el olvido


Abriré estas compuertas para sepultar mi voz.
La senda final de una honda pena descansa en paz bajo estas,
mis piedras incrustadas en el alma.
Estoy llegando al límite de mi intrascendencia.
No hay simetría en éste, mi ocaso.

Se han perdido todas y cada una de mis perlas negras
y nada más hay, desde estos párpados,
que tirar al arroyo de sangre.

Era inevitable el choque predatorio entre murmullos contra el eco de la ausencia.
La solitud se impone para no joder de más.

Maldito océano de vanidades falsas que limitas el horizonte!
Déjame leer y no te aferres más a mis huesos.
Arrancaré si es preciso, un dejo de maldad de las alas de tus ángeles hipócritas, para que tus disparates no desgarren la simpleza de una letra.

Se nos vendrá el Sol marchito y se le deshojarán sus haces, ni la luna encenderá nuestros recuerdos. Palideceremos con la noche cargada a cuestas.
Pero ya no serán mis desvaríos quienes transplanten sueños...iré a indigestarme en el olvido.
De ahí soy... y ahí volveremos.

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