4 oct. 2008

Al abrigo de la niebla


Mi único caminar es un solitario
tránsito por la densa negrura
que envuelve la más pura nada.

Soy hija de la noche,
de la oscuridad
y del gélido dolor.

La niebla es mi abrigo.
Envuelve en su espesura,
los gritos provocados
por el terror que persigo.

Me acompaña de continuo.
Su manto cubre los desechos
de las almas que me alimentan,
aquellas que arrastro a las tinieblas.

Clavo mis colmillos en su cuello,
y calmo mi sed en sus venas.
Su sangre es el elixir que me da vida,
se escurre por mi boca,
deja satisfecho mi negro espíritu.

Y luego me alejo dejándolas secas,
buscando otra víctima para absorberle su esencia.

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