12 dic. 2008

La Impotencia de ser impuro (Angel moribundo)


En la dura llaga de la noche, la vacuidad me rodea y abre una ventana.
Sigo ansioso por salirme de mí y dejar de ver tu ausencia ocupándolo todo,
Mis manos atraviesan la inmensidad vacía y se aprieta en mi nuca.
Los episodios de recuerdos muertos ahora lo son mi complemento.
La ventana crece y absorbe el alma. Es la hora nona.
Por unos breves instantes he visto y sentido la sangre y el lodo,
Algo que está más allá de mis delirios, sopla, se retuerce y me trastoca,
Golpeo el espacio y las tinieblas. La distancia me come. No miento.
Ya no hay más muros y entre la niebla centella una guadaña.

La muerte me ha localizado a pesar de mi velo y transparencia
Ni cubriéndome de soplos demenciales y diabólicos me escapo.
Mirar mi suerte me desangra y provoca una lúgubre falacia
Desprendido de mis sombras, me queda poco tiempo.

Tal es la tragedia de ver mi sino que la letra se vuelve contra mi pecho
Me ensarta a la soledad como una bayoneta a las mariposas.
Pongo una rama negra en la suite de mis palabras
para que de una vez por todas callen. El ocaso es un hecho.

Ahora escribir me resulta como si una orquesta maligna se me hubiera metido en la sangre.
Soy y seré eternamente un oboe siniestro en espera de la muerte.

No hay comentarios: