7 ene. 2009

Ángel herido


Ángel que desgarraste tus alas por el dolor que te infringieron.
Deshojaste una a una tus plumas blancas hasta desnudarlas,
y a cada una de ellas una gota de sangre las tiñó de escarlata.

Abriste los cálamos en toda su envergadura,
te entregaste al rayo que al rugido del trueno
partió en dos tu corazón torturado.

Los tomaste entre tus manos mientras aún palpitaban heridos
y los elevaste al cielo en susurrante plegaria.

¡Os entrego lo que de mí queríais!
¡Dejadme morir al abrigo del sol!
¡Permitid que concluya mi agonía!

Y el cielo se apiadó de ti…
Tu último suspiro se convirtió en brisa marina.

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