15 feb. 2009

La hoja muerta


Gritar con el ahogo de las reminiscencias daba realce a las penumbras.
Se le purificaban las cansadas vértebras y la anemia en la mirada perdida santificaba su aura de muerte. La turbación voluptuosa por el engaño y la incertidumbre en sus sueños fluctuaba con el aire gentilmente helado.

La falta de reposo que apagara la extensión de sus abrazos se descomponía en los pliegues rugosos de sus pensamientos. Una armoniosa gesticulación lúgubre se pintaba en su faz y olvidó por un segundo que había cumplimentado su fúnebre misión.

Olvidó el ensamble de aflicciones por la sombra ausente. Olvidó el enjambre de recuerdos aciagos y loco de alegría se inclinó a besar el polvo, recogió una hoja fenecida en la intemperie y la guardo en su alma.


Extendió sus negras alas y se perdió en las Tinieblas.
El cementerio agradecido por la visita, revoloteó el ambiente y volvió a la exquisita desnudez de la muerte.

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