12 jun. 2009

Rencor inmortal I


Deliro bajo esta cúpula de noche ladina,
rojinegra entre tinieblas y lacerantes brumas,
porque he sentido latir entre mis venas las tuyas
aquellas que hace ya siglos renegaron de mi esencia.

Juré aquél maldito instante en que de mí te alejaste
que no cesaría en mi odio, que bebería tu sangre
y al amanecer hervirías hasta desfallecer en mis garras,
manos pálidas, asesinas, cubiertas por tus cenizas.

¿Dónde estuviste que no te encontré?

Y ahora cuando el olvido forma parte de mi ser,
apareces en mis sueños, tú ¡vampiro!
tú y tus vetas sanguíneas, tú y tus ojos carmesí,
tú y tus labios, tú y tu hechizo que intrépido cae sobre mí.

Osado inmortal, ¡mi amado!,
¿cómo te atreves a irrumpir en esta mi soledad?
¿a apartar de un sólo golpe el odio que tengo albergado?

Me dejaste cuando más te necesité a mi lado,
te exiliaste entre oscuros velos, pasadizos del pasado,
arrojaste tus fantasmas y me condenaste a la sombra,
me olvidaste, me olvidaste, me olvidaste...

Y ahora que quiero matarte, que ruego a la madre tierra
te entierre bajo sus fauces y bajo ella te desangres,
ahora que al fin logré convivir con la miseria de la solitud vampírica,
ahora osas volver, regresar y con un gesto todo todo borrar.

Me envuelves en sortilegios de avernos, entre tus mucílagas alas,
bajo tus brazos cadavéricos, me ofreces tus labios,
y yo, yo, yo...vulnerable y fatigada por el paso de los tiempos,
me doblego y me someto...a tu boca, a tus agujas en beso.

Caigo al lecho, me hundo,
me llevas, me arrastras,
no puedo, no puedo escapar.

Algo se quiebra en mi garganta,
grito y derramo dos rojas lágrimas,
en tu mano una rosa negra,
en tus labios una voz,
un susurro, una pregunta:
¿Aún me amas?

Y un silencio asesina el rencor. (©Scb)

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