13 oct. 2009

Sólo una muerte lamento


Sólo una muerte lamento, una entre todas a las que fui condenado, la de tu olvido sellando los labios, haciendo mutismo y dando la espalda, forjando un silencio que luego clavabas como en un vudú a llagas y llagas, con el alfiler de tu boca cerrada, con la aguja del desprecio en tu mirada, con el conjuro endiablado que a latidos retumbabas, a-di-ós, y el eco tronaba.

Puedo soportar enterrarme en rincones donde alguna vez destapes la lápida y digas mi nombre o a escondidas, me llores; cada muerte de esas se arrastra y se aprende a llevar a cuestas, pero ser olvido es la cruz más grande a la que jamás nadie debiera arriesgarse, asomarse al abismo donde no se es nadie, es la herida más cruel, el dolor más lacerante. Amar y nunca ser recordado, ese es el castigo...desterrado.

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