8 mar. 2010

Vampiros. Sensaciones




"Aún resbalaba algo de sangre de las comisuras de mis labios
Y parecía que había transcurrido tanto tiempo, demasiado…
Recordé algunos de tantos viles secretos en mi mente,
Recuerdos que rebasaban mis asedios y la muerte,
Cosas lóbregas que sepultaban a dios
Y me mantenían sediento
Asesino y extasiado.
Vampiro y grajo
Ipso facto.

Tantos recuerdos que no pudieron morir minuendo en mi sarcófago
Y que contenían palabras que jamás pensaría decir o haberlas dicho
Porque siendo cuervo tanto tiempo permanecí aislado, bélico y vago
Que ahora que la oscuridad me llama, ciego y tácito, escucho un canto
Desde los sonidos del silencio se abre en la mayor penumbra un nicho
Y una sombra enorme, de raíces negras y dolientes despliega un manto…
Y decía un susurro tétrico, algo que rechinaba inofensivo y a la vez siniestramente
Siendo quien soy me enaltecí al entender algo así como la perversa amenaza de un: “Siente”

No grazné, porque permanecía sorbiendo tragos de mortecina luz para alimentar penumbras
Pero fue obvia la introspección purulenta y desconfiada a lo más profundo de mi obtusa alma
Puesto que tomé de aquellas extrañas remembranzas, aquellos más extravagantes vocablos
Y me escuché alucinante y cataflixiando magras opacidades por mofletudas fluorescencias
Dedicadas a encumbrar y encarecer las sinuosas turgencias de una simple palabra.


Dijo “Siente” y ya no supe sentir, ni mis garras, ni mi pico, ni mis plumas, ni mis alas
Aquella magnifica, elata, cartilaginosa y crepuscular sombra se metió en mis pupilas
Y así, incendió insólitos júbilos, docenas de chirridos que resonaron como mil rugidos
Vociferante espantapájaros, cuervo, bestia negra y vampiro seducido por algún murmullo.

El ataúd me repudiará,
Mi infausto cementerio diurno
Me hará un desdén
Y me desconocerá.

Toda la edad del mundo haciendo alimento al mismo
Y nunca tuve intención de conocer algún rostro
La indiferencia era el signo del vampiro. Eufemismo.
Espada, guadaña, sable, daga, puñal lo mío. Lo nuestro.
Y hoy tengo la intención de ver donde nace el susurro
Quién sombra, mortal, sempiterno, humano o inmaterial
Ha quebrado el silencio con el eco maestro de un negro suspiro?


Una constelación de nubes anuncia la tragedia vesperal
El arribo del Alto Poniente que nominó monstruo al vampiro
Y que ahora sentencia una espera, un secreto más…
La sombra que anuncia el “Siente”
No estará aquí
Y tiene otros motivos…"





Los motivos de una sombra:

Era una noche triste, sumamente solitaria; de esas noches amargas en que todas las lunas parecen cantar dolientes nanas para los humanos y cánticos medioevales para inmortales.
Noche de tinieblas extremas y la reina de las sombras siente ese nocto estertor que le entumece su alma y que en tales circunstancias le rememora su condición de antaño tan cándida, tan humana. Quien es capaz de imponer pavor de umbría con aquellos destellos marfil entre sus labios, agujas fulgurantes que tantas veces dejaron sanguinolento rastro en los jardines, baldosas y esteras empenumbradas de su mansión. Esta noche siente una extraña sensación que contradice sus actividades asesinas y que le ha encendido la piel y siendo piel ha querido percibirse engendrándose crisantemo de pétalos abiertos, mujer candente, hembra más que mortal y cáliz endiablado que oscila sensualmente rozándose a sí misma, en el aleteo parsimonioso de sus alas, las partes erectas de sus pezones y su entrepierna de diosa lujuriosa. Esta imaginando que tal aleteo autocomplaciente es un impecable, voluptuoso e implacablemente lento vuelo córvido. Sigue pensando que el vampiro, noctívago seductor y señor de los cuervos va pleno de hambre, pero de hambre por su turgente y curvilíneo cuerpo… no de sangre. Elucubra ilusoriamente que el inmortal deambula fascinado y fascinante rondando el sinuoso contorno irreflejante de sus senos, de su vientre, de sus piernas, de sus glúteos, de sus sexo y de su espalda. Imagina que aquel va devorándole sus ansias, sus deseos, su cuerpo y los latidos vacíos de su sangre que ahora hierve. Y siente, cerrando los ojos, que todos los enigmas del contacto directo entre seres imperecederos es cómo el surgimiento incandescente de todas las tinieblas y del mismísimo universo. Y se sigue figurando que hay unas garras, ora dedos penetrándole las sombras más internas de su cuerpo y en rubor que arde no ha dejado de complacerse. Siente que sus carnes lubricadas, excitadas y excitantes están siendo reptadas, recorridas a mordidas diminutas y que jamás hubo hielo en donde unos labios de vampiro humeante se torna fuego que le roza, que le lame, que le besa y le hipnotiza casi a punto de desmayarle, de ocasionarle el mayor orgasmo supuesto o conocido… y se siente fluyendo, se siente río, lava y desde sus entrañas suelta un suspiro… Un suspiro que surgido de su mente vuela por aquel negro ambiente y un inmortal primigenio que lo ha escuchado. El suspiro era un gemido y el gemido una palabra que claramente decía: “Siente!”


Entre éter y bruma otro ligero murmullo de mente sombría a mente vampira que también dice o decía sus motivos: “Ocúltame del destello que luminaria en tus ojos me prende o no respondo de mis actos, que he sentido tu inmortal y pervertido tacto sobre mis gélidas formas y el desmayo ha acudido a mí para hacerme gota escurriendo entre tus manos, diluirme y ser de ti...ahora. Así que ven, ven y siente!





to be continued...


Letra de Ingrid y Dorian

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