2 jun. 2010

Entre los muros de la soledad


Reverberan estos apagados sentidos
y mi nimbo infausto envidia vuestro yermo sino,
vuestro edén fuligineo y pedregoso.

Vuestra anochecida muralla y mausoleo
es la fruición escabrosa que la pertinacia
de las tinieblas no siempre me ha brindado.

Aquel lacre en sus membranas
y la ruptura en su aciago canto…
la contrición errónea que le apura
es efluvio mórbido en camposanto.

Ese injerto que prorrumpe en la quemazón de su mirada
y perece en el desperdicio de aguas amargas
es un don sempiterno… Usted es una dama fausta.
Endiabladamente solitaria y olvidada…

Más no para este siervo de la noche,
no para la fisura del nirvana y su tunante.
Quien vaga en el capitel del crepúsculo
y carece de nombre, le recuerda
y le acompaña desde la cenizas.

Discreta y afortunadamente no es un hombre.

Selene y su lumínica perversidad nos ha repudiado,
y poco importa su lisonja argenta y mal acrisolada
si no sabe que las huellas del dolor y el abandono
en la bruna inmensidad, nos han acercado.

Heme aquí en la mansión de la abrupta negligencia,
la residencia inicua que tantas veces nos ha devorado el alma…
El hogar en donde un sueño negro es la vida del inmortal.

2 comentarios:

Macario Canario Vinilo dijo...

guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro poemas preciosos

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El gato escondido dijo...

Muchas gracias Macario Canario por tu comentario y ojalá sigas leyéndonos...y