5 jul. 2010

Morir mil veces


Cartapacio en la hondura. Misa nocta que ladra o sangra y despabila al cielo con luctuosa duna.

No me hagas biombos con cruces negras o se me corroyeran estás gotas mortuorias y esta palabra desarticulada que añora.

Epítome avieso que se ha de verter en la magulladura moldeada sima en donde nos espera el silencio en féretro.

Opúsculo siniestro que occisos nos mantuvo, antes del huracán, en aquel maldito piélago donde se extravió fatal plugo cuando los recuerdos nos desgarraban.

Bosquejo sangriento, enjuto; infame memorándum en donde se asentó la terrible cruzada de un negro corazón y un mal presentimiento…

Morir, morir mil veces, morir por cura. Morir un poco y asesinar al sentimiento que se reputa huella cuando se le apagaron las llamas y fue desterrado al brutal tormento…

Sucumbir en la consternación del subsuelo, en los infiernos; entre artera púa y ladina hiedra con quien Satán concuerda.

Mátenos pavura homicida y maldiga a quien nos maldijo… y señalo la cruel tortura.
Mátenos atroz el entretiempo de espíritu descuartizado y tráguese argumentos impuros. Asesínenos con sable, guadaña o hacha y que la decapitación, en sublime trazo… nos entregue a las funestas olas de la tristeza, el olvido, el tedio y la mala hora.

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