6 nov. 2010

Espantapájaros II



La melancolía se revela en estas páginas,
quiere florecer de nuevo
y conocer la consolación
de algún vocablo.

Quimera y desolación por mis pecados.

Quiere madurar en el grito de unos labios
que también me han olvidado
y en los escombros del amanecer,
reconocer lo inagotable del dolor
que en el recuerdo de sus besos
ha metido una estaca en mis adentros,
en mis propios cascajos, en mi ruina.

Tanta nostalgia me llueve de silencios,
truenos que anochecen en mis puños,
en una fatal desesperación
por mi perenne soledad.

Me duele y me duele más
cuando se aleja
y me deja con el pavor
de volver a soñarle;
cuando se acerca
y me deja en el temor
de no reconocerle
nunca más.

Sigo siendo aquello que me falta
dondequiera que ella esté:

Un triste espantapájaros
que se esparce en la clandestinidad
como una atalaya relegada en la inmensidad de su propia herida.

Más presiento que no siento nada,
aunque el viento reclama mis jirones
y el tiempo reclama mi muerte.

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